Projecció en el temps

Espai d’Art Miquela Nicolau, Felanitx (Mallorca) 2009


ENGRANAJES AL BORDE DE LA NOCHE

Estamos ante uno de los pocos artistas que abre constantemente nuevos y enriquecedores atajos en su carrera. Atajos de pintor experimentado que intuye perfectamente a dónde puede llegar. Atajos que Miquel Mesquida ha trazado a través de espesos bosques por los que el artista circula con sorprendente habilidad, dejando intacta la espesura de la floresta.

Los atajos son reconfortantes para un caminante que, tras largas horas de trayecto, se encuentra con un lugareño afable y generoso que le indica por dónde debe tomar para alcanzar el objetivo deseado, su reposo. En realidad los atajos son creados por afables y generosos lugareños que por pura necesidad de encontrarse con alguien y hacerle el bien, han ido trazado durante años entre la espesura un sinuoso y encantador sendero.

Miquel Mesquida es uno de esos lugareños. Un lugareño que conoce bien el bosque y sus sombras porque un día creyó que merecía la pena trazar un atajo. Un lugareño que, día a día y paso a paso, fue dejando una piedra marcada de un azul-noche para no olvidar –por si se equivocaba– el retorno, el origen y la protección, sentimientos que sin tristeza ni desolación serían asumidos, porque no puede olvidarse que estamos hablando de un experimentado profesional de lo suyo: la emoción.

Situarse frente a una obra cualquiera de Miquel Mesquida, es enfrentarse a infinitas puertas cuyo marco que las delimita deja de llamarse marco para pasar a llamarse emoción o no llamarse simplemente nada. Las puertas de Miquel Mesquida están abiertas de par en par. Casi obscenas, desbordan la arquitectura que las acoge, las bisagras que las sostienen. El espectador no tiene que llamar, es atraído por un magma incandescente de colores ácidos que sacuden el espinazo como si de un rayo certero se tratase, y que estimulan el más recóndito tejido nervioso, hasta entonces aletargado.

Versatilidad de temas son empaquetados y facturados desde los bordes de la noche, esperando acuse de recibo: Centauros, animales-hombre, hombre-animales, escaleras arriba, escaleras abajo, descensos-ascensos, ascensos- descensos, mano-corazón, corazón-mano, cabeza-sexo, sexo-cabeza, mística-carne, carne-mística, funámbulistas-ícaros, ícaros-funámbulistas, hipnóticos-excéntricos, excéntricos-hipnóticos, insomnes-morfeos, morfeos- insomnes... Podría pedir al lector de estas líneas que concluyera esta serie y estoy convencido que no llegaría a abordarla en su magnitud, como tampoco soy yo capaz, no obstante sería un interesante juego de agilidad mental y emocional.

Temas-figuras en engranajes que proporcionan a la obra una inmensa frescura y que liberan al formato de medidas físicas preestablecidas. Miquel Mesquida consigue que todo aquello que circunda su obra participe estrechamente de ella, también nosotros quienes la observamos, quienes cargamos las pilas y nos sentimos rotundos, frescos y ciertos, al fin, completamente humanos.

Con una fuerza fuera de lo común, con su impronta neo-expresionista, lírica, mística, cabalística, con su tanteo y su pincelada iniciatica, Miquel Mesquida es un vincitore. Uno de los pocos artistas que se ha encontrado y en ese encuentro, estrechándose la mano, ha puesto en evidencia la mediocridad artística general. Vincitore, vincitore que pone en jaque a todos aquellos necios que ensucian con alarmante asiduidad el término arte y su parte emotiva. Necios de tocador que serán fulminados cuando contemplen esta más que interesante exposición del artista en el encantador Espai d’Art Miquela Nicolau.

Juanjo Oliva